Solidaridad sí, Comunismo No.

Sobre el Ingreso Mínimo Vital, publico hoy esta reflexión en Madridiario que comparto con vosotros:

En estos días, la propaganda implacable del gobierno, intenta hacernos olvidar los miles de fallecidos y su nefasta gestión de la pandemia y nos sitúa otro debate en todos los medios de comunicación afines: El Impuesto Mínimo Vital.

Los seres humanos tenemos muchos defectos, pero también tenemos muchas virtudes generalizadas en nuestra especie como la solidaridad o la colaboración entre los seres humanos, con la que hemos logrado crecer como civilización desde nuestros más lejanos predecesores. Según un estudio  liderado por la investigadora Penny Spikins, de la Universidad de York en el Reino Unido, evidencia la actitud solidaria de los neandertales ante lesiones y dolencias del prójimo ayudando toda la tribu a aquel miembro que había sido herido o privado de alguna de sus facultades, probablemente durante alguna contienda de caza, es un gesto innato del ser humano ayudarse y colaborar con quien lo necesita.

Pero ¿ayudarían nuestros antepasados a un componente alto, fuerte y con buena salud que se niega a ayudar a la comunidad? ¿Ayudarían al miembro que no quiere ir a cazar, ni cultivar, ni colaborar con el resto de la tribu porque simplemente vaguea? La respuesta es NO, porque los seres humanos somos solidarios pero no somos estúpidos.

El Ingreso Mínimo Vital no es un invento de Pablo Iglesias, aunque su propaganda quiera convencernos de otra cosa, ya el Partido Popular empezó a aplicar algo similar en las Comunidades Autónomas hace años. En Madrid el Ingreso Mínimo de Integración lo impulsó Leguina en el año 1990 y todos los presidentes lo mantuvieron y mejoraron, en Galicia, la Renta de Integración Social que se gestiona desde hace 29 años, y nuestra apuesta nacional ahora era globalizarlo con una “tarjeta social”, que englobe todas las ayudas nacionales, autonómicas y locales para evitar abusos y picaresca, es decir, lo contrario a lo que propone el gobierno ahora con este IMV.

En cualquier caso, no quiero entrar en el debate de “quien lo inventó”, porque los datos están ahí y seguro que tú como buen lector, tienes la posibilidad de buscarlo y comprobarlo, me quiero centrar en quien, como en las tribus de los neardentales, debe recibir esta ayuda y en que condiciones.

¿Debe recibir esta ayuda una persona que por unas u otras circunstancias no puede hacerlo con su trabajo y esfuerzo? La respuesta es clara, rotunda y sin matices: SÍ. ¿Debemos ayudar a quien está pasando una mala situación temporal, busca empleo y no lo encuentra y quiere salir de esa situación? La respuesta también es clara, Sí.

¿Deber recibirlo una persona que puede trabajar, tiene todas sus facultades y la salud adecuada, pero ni siquiera intenta hacerlo? La respuesta debería responderse con otro interrogante ¿por qué?

En la Alpujarra de Granada, algunas playas de Ibiza o Caños de Meca, viven hoy muchas personas que han decidido libremente vivir las costumbres hippies, heredadas del histórico ‘Summer of Love’ hace ahora 50 años, donde, bajo los acordes de Jimi Hendrix o Janis Joplin, se dedican a una vida plena y contemplativa donde impera la paz, la solidaridad y la tranquilidad, donde el trabajo de 8 horas con sus madrugones, no es una opción, y tengo que decir, que al menos el que escribe, tiene muchos momentos donde desearía elegir ese tipo de vida alejada de stress, prisas y facturas, pero vamos al asunto, ¿el Estado debe pagar 1300 euros a cada una de estas personas que libremente ha decidido dejarse unas rastas en el pelo y no trabajar? Si fuera así, a lo mejor terminábamos todos en Ibiza contemplando la romántica puesta de sol, sentados en la arena a ritmo de aquellos tambores tan cautivadores.

También actualmente, en muchos pueblos de nuestra España, cada mañana en época de cosecha, los agricultores buscan jornaleros en plazas y bares del pueblo, que les ayuden para sacar los ajos o cebollas que ya están en su momento justo, o a recoger aceituna o naranja, recolectar fresa o albaricoque, y muchos paisanos, mientras permanecen sentados en una buena sombra de un banco, se niegan a participar en esa tarea donde hay que “agachar el lomo” durante 8 horas, y cuando les preguntas porque no acuden a esa llamada laboral, la respuesta es que con la ayuda percibida por la comunidad autónoma, por los Servicios Sociales y por Cáritas, lo consideran suficiente para pasar el día, sin sudar ni mancharse las manos.

Estos individuos son los que celebran que Pablo quiera darles más dinero por quedarse en la plaza sentados, mientras los agricultores buscan mano de obra que muchas veces no encuentran, para no perder la cosecha. ¿y quién paga ese dinero? Pues lo paga, el que trabaja, el que suda para recoger esos ajos o albaricoques.

 

Parece claramente injusto que una persona madrugue, trabaje y se esfuerce, que cediendo parte de su esfuerzo, de forma indefinida a una persona que SI puede trabajar pero simplemente NO quiere hacerlo, o peor aún, una persona que tirando de la picaresca, lo haga en “B”, ganándose un sobresueldo que en algunos casos es muy superior al sueldo de cualquier ciudadano y que encima sumaría a esa ayuda estatal que pagamos todos, por lo tanto, debemos introducir otras variables que Pablo Iglesias ni se plantea porque no están escritas en su manual del buen comunista. Ayudas sí, pero ¿durante cuánto tiempo? Y durante ese tiempo, ¿Qué puede o debe aportar el individuo a su comunidad?

Debemos, por tanto, ayudar a quien no puede o está pasando un mal momento, porque somos solidarios, pero pensando siempre en favorecer las circunstancias, sobre todo de empleabilidad, para que esa persona, en el menor tiempo posible, pueda volver a ser “independiente” con su trabajo, esfuerzo y que pueda crecer laboral, personal y económicamente para entrar en el ciclo de aportar a la bolsa común del Estado que continúe ayudando a los que no pueden, aunque quieran, depender de sí mismos.

La percepción de estas ayudas debe ir ligada a un mayor control por parte de las administraciones, en el caso de personas con sus facultades mermadas, con informes médicos acreditados y en el caso de personas que en este momento no tienen empleo, con mecanismos que vigilen la búsqueda activa de empleo (recuerdo aquellos tiempos en los que cuando rechazabas tres empleos se anulaba la percepción por desempleo).

La pregunta que nadie se hace, es si además de ese mayor control por parte de las administraciones, las personas que están en capacidad de trabajar y reciben ayudas, deben colaborar más con esas administraciones, haciendo colaboraciones comunitarias en colectivos o asociaciones sociales o incluso ayudando al personal forestal en tareas de poda y prevención de incendios, en ayuda al personal en residencias de ancianos u hospitales, o colaborando con el personal de servicios de los ayuntamientos en tareas de limpieza viaria o de edificios, en jardinería, obras, en labores administrativas, seguridad de edificios públicos o mantenimiento de instalaciones municipales y que puedan ayudar a la comunidad alternándolas con la búsqueda activa de empleo.

Una democracia seria debe dotar a las personas que lo necesiten de ayudas, pero a la vez debe potenciar que con su esfuerzo puedan progresar en la vida. Una sociedad basada en estas ideas comunistas dejará que el neardental que no quiere colaborar, “okupe” la cueva de la tribu y espere tumbado a que el resto de la tribu le encienda el fuego y le traiga cada día, una buena pierna de venado recién cazado.

Decidamos que sociedad queremos construir para nuestros hijos, la sociedad que premie el esfuerzo y sea solidaria o la sociedad a la que nos llevan Pedro y Pablo de paguitas y okupas.

 

Un comentario en “Solidaridad sí, Comunismo No.

  1. Cuanta razón llevas en tu artículo, me da pena ver cómo puede haber tanto ciego que no quiere ver, quizás porque piensa que la izquierda ha venido para resolver sus problemas.

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